¿Cómo hacer trámites en Costa Rica?
Con paciencia y preguntando mucho.
Existe un sitio gubernamental que reúne los documentos que se necesitan para algunas instituciones.
http://www.tramites.go.cr/
Sin embargo, el reto está en que el ciudadano sepa que hacer ante cada institución, y algunas veces luchar contra la ineficiencia del funcionario, que puede ser que no sepa qué trámites proceden, o simplemente quiera desconocerlos.
miércoles, 8 de junio de 2016
domingo, 17 de abril de 2016
Como obtener una beca para estudiar en el extranjero
Pueden plantearse muchas posibilidades para hacer estudios en el extranjero. Las becas son las posibilidades que económicamente atraen a más personas. Sin embargo, generalmente las entregan organismos internacionales, regionales o instituciones nacionales a las que cuesta acceder o a las que aplican muchas personas, por ejemplo las que otorga el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Recientemente me enteré de una forma en que muchas personas, incluso latinoamericanos, están haciendo estudios en Estados Unidos sin pagar nada a la universidad, gratis, y además la universidad les paga para que participen haciendo investigación.
Un resumen es el siguiente:
-Hacen un bachillerato o licenciatura en su país de origen
-Aplican en alguna universidad de Estados Unidos para hacer una maestría o posgrado.
-Algún profesor los contrata para que trabajen para alguno de sus proyectos, de modo que la universidad les paga una especie de salario y les exonera del pago de los costos de la universidad. Y este dinero les alcanza incluso a los que tienen familia para pagar hospedaje, alimentación, etc.
Conocí a profesores que estudiaron primero en la Universidad de Costa Rica que sacaron la licenciatura, otros nada más el bachillerato, y utilizaron este método. Ahora son profesores de universidad.
Hablar español, y conocer un poco de inglés no es el problema según las experiencias de las que me enteré. Otra cosa que hay que aclarar es que no es un financiamiento ni un préstamo, al final no se le debe nada a la universidad. Y no hay alguna entidad u organización que sea un intermediario en todo esto, todos los trámites se hacen directamente con la universidad.
Una recomendación para poder entender mejor estos procedimientos es el libro PhD en USA (que se puede descargar en PDF nada más registrando el correo en esta dirección http://eepurl.com/bVt42b). En este libro se discuten tips, o consejos para los estudiantes que tienen o no tienen pareja, con o sin hijos, jóvenes o con algunos años de haber salido de la universidad.
Esta puede ser una opción para estudiantes de Costa Rica o para el resto de latinoamérica.
También en el sitio www.ingear.org encontré más información sobre estas modalidades de estudio.
Recientemente me enteré de una forma en que muchas personas, incluso latinoamericanos, están haciendo estudios en Estados Unidos sin pagar nada a la universidad, gratis, y además la universidad les paga para que participen haciendo investigación.
Un resumen es el siguiente:
-Hacen un bachillerato o licenciatura en su país de origen
-Aplican en alguna universidad de Estados Unidos para hacer una maestría o posgrado.
-Algún profesor los contrata para que trabajen para alguno de sus proyectos, de modo que la universidad les paga una especie de salario y les exonera del pago de los costos de la universidad. Y este dinero les alcanza incluso a los que tienen familia para pagar hospedaje, alimentación, etc.
Conocí a profesores que estudiaron primero en la Universidad de Costa Rica que sacaron la licenciatura, otros nada más el bachillerato, y utilizaron este método. Ahora son profesores de universidad.
Hablar español, y conocer un poco de inglés no es el problema según las experiencias de las que me enteré. Otra cosa que hay que aclarar es que no es un financiamiento ni un préstamo, al final no se le debe nada a la universidad. Y no hay alguna entidad u organización que sea un intermediario en todo esto, todos los trámites se hacen directamente con la universidad.
Una recomendación para poder entender mejor estos procedimientos es el libro PhD en USA (que se puede descargar en PDF nada más registrando el correo en esta dirección http://eepurl.com/bVt42b). En este libro se discuten tips, o consejos para los estudiantes que tienen o no tienen pareja, con o sin hijos, jóvenes o con algunos años de haber salido de la universidad.
Esta puede ser una opción para estudiantes de Costa Rica o para el resto de latinoamérica.
También en el sitio www.ingear.org encontré más información sobre estas modalidades de estudio.
lunes, 17 de marzo de 2014
Como descargar libros de Scribd
Yo lo he logrado, gratis, usando un celular SAMSUNG con sistema ANDROID. Lo primero es tener instalada la aplicación de Scribd en el celular, esto se puede hacer desde la App Store.
Una vez en la aplicación del celular se busca el libro que queremos descargar y se le da Almacenar en el dispositivo. Tarda algunos minutos en almacenarse. Ahora lo que tenemos que hacer buscar entre los archivos del celular. Esta es la diferencia entre el sistema Android, y el iOS que usan los iPhone, estos últimos no permiten ver los archivos internos del celular. Volviendo al Android, en el menú se selecciona Explorador de arhcvios y se busca entre los archivos de la memoria interna del celular de modo que queda así:
storage/sdcard0/document_cache/_____ < esto depende del celular, también podría quedar así
/Phone storage/Android/data/com.scribd.app.reader0/files/document_cache/237694832/
Como mencionaba esta dirección puede variar dependiendo del teléfono, lo que hay que buscar es siempre la carpeta que diga scribd.
En este último hay que buscar la carpeta que tiene la fecha más reciente, acá es donde está el libro que descargamos. El título del archivo es "content", esto hay que enviarlo por correo o extraerlo por bluetooth o con el cable USB.
Una vez en la computadora al archivo "content" que enviamos hay que ponerle la extensión PDF, entonces se le da F2 (o clic derecho y seleccionar "cambiar nombre") para cambiar el nombre, se le cambia todo el nombre o se le deja el que tiene y luego la extensión ".pdf" (esto es PUNTO PDF).
/Phone storage/Android/data/com.scribd.app.reader0/files/document_cache/237694832/
Como mencionaba esta dirección puede variar dependiendo del teléfono, lo que hay que buscar es siempre la carpeta que diga scribd.
En este último hay que buscar la carpeta que tiene la fecha más reciente, acá es donde está el libro que descargamos. El título del archivo es "content", esto hay que enviarlo por correo o extraerlo por bluetooth o con el cable USB.
Una vez en la computadora al archivo "content" que enviamos hay que ponerle la extensión PDF, entonces se le da F2 (o clic derecho y seleccionar "cambiar nombre") para cambiar el nombre, se le cambia todo el nombre o se le deja el que tiene y luego la extensión ".pdf" (esto es PUNTO PDF).
miércoles, 26 de febrero de 2014
Reproductor de video - VLC Media Player
El reproductor de video VLC Media Player ofrece grandes características para reproducir muchos tipos de videos. Este programa de ícono de un cono naranja puede descargarse en http://www.videolan.org/vlc/index.html
La mejor característica de este programa es que puede reproducir archivos .mkv que son videos de alta definición comprimidos.
La mejor característica de este programa es que puede reproducir archivos .mkv que son videos de alta definición comprimidos.
sábado, 7 de abril de 2012
Covachas y banderas
Un extracto del libro Adiós prestiño, de Hernán Elizondo Arce
Capítulo XII
COVACHAS Y BANDERAS
Sigo tu féretro, Prestiño, casi como un
autómata en insomnio, siempre perdido en el mundo de mis íntimos recuerdos, en
la visión del ayer que hoy te llevás al sepulcro.
En este peregrinar por el pasado, fugaz autopsia
de caminos muertos, no puedo desterrar de la mente, ni lo quiero, el barrio de
la infancia marginado y en sombras.
Vuelvo en mi obsesión a las calles esmaltadas
de ruidos o silencios, siento de nuevo el guijarro morder en la planta de los
pies descalzos, lanzo una piedra a los perros que me ladran en penumbras; pero
aliento la convicción reconfortante de que fue allí donde nos hicimos hombres,
a pesar de nuestro sueños despedazados hoy y reconstruidos mañana, en un
tránsito permanente entre el fracaso y la esperanza.
No es imposible dejar al amparo del olvido los
rostros agrietados de los ancianos en vigilia o los ojos de las madres bajo las
ojeras azules, enmarcados en sombras de paraje onírico. No puedo despojarme del
recuerdo, terco y alucinante, de las manos de los niños enflaquecidas y
trémulas, asidas a la corteza del pan duro en una especie de festín de la
miseria.
Vuelve a mí la visión de los tugurios
mugrientos, arquitecturas denunciantes de la desigualdad humana, inermes ante
la lluvia, inútiles ante el viento, vergüenza de la sociedad, gritada en
garfios de lata y en retorcimiento de trapos, amontonados unos sobre otros en
visión goyesca. Tugurios para albergue de ilusiones sin vida, tugurios para
nido de resentimientos ancestrales, tugurio para altar de tus blasfemias
malditas, tugurios-cueva, tugurios-cárcel, tugurios-tumba.
Aquel muestrario de covachas destartaladas y
oscuras constituía el pretexto cíclico de los demagogos de todos los colores y
de todos los dogmas, para alzar los puños con furor de apóstoles en su afán de
capitalizar lacras sociales, dolores de otros, hambres ajenas, en provecho de
sus ambiciones, en beneficio de sus intereses. Por eso cada cuatro años, en el
carnaval de los sufragios que para la exportación no era menos que una escuela del
civismo y un ejemplo para el mundo, flameaban sobre las chozas miserables las
banderas de la ambición organizada que se fragmentaba en partidos. Al frente de
éstos lucían los líderes sonrientes que a falta de soluciones regalaban
promesas.
Se desbordaba entonces como un río la retórica
heredada y se escuchaban los discursos huecos, malabares de palabrería,
hojarasca de erudición barata, en los que se ofrecía los nuevos paraísos del
futuro, redención, cultura, dignidad, progreso, a pobres diablos condenados a
morir en sus barracas del mismo modo que murieron sus abuelos y sus padres a
despecho de Marx o Jesucristo.
Se ofrecía vivienda digna, tierra, salud,
prosperidad en fin, en un esfuerzo innecesario para arrancarles el voto. y
señorones que en su vida jamás se habían rozado con la plebe porque siempre
pasaron de largo de las pocilgas infectas, llegaban ahora a aquellas cuevas a
besar chiquillos flacos, a retratarse con mujeres desaliñadas y tristes y a
repetir frases de archivo en el fervor politiquero.
No hacía falta.
Con prédica o sin ella, los pobres se lanzaban
entusiasmados a las calles en un impulso enfermizo, en el desplante de las
manifestaciones multitudinarias, en las que el Demóstenes de alcantarilla
levantaba con voz aguardentosa su chácahara insincera, preso de su ambición de
una curul o de un andamio que le pudiese servir para alcanzarla. Se echaba
entonces mano a los elogios tardíos, a los epítetos sonoros, a ditirambos de
oropel y nosotros pasábamos a ser en la farsa electorera el noble pueblo
sufrido, las víctimas de la oligarquía conservadora y reaccionaria, los integrantes
de las masas desposeídas cuyas cadenas era imperativo que cayeran a pedazos
para liberarlas por siempre y pasa siempre de la ignorancia y la miseria. Eramos
nosotros y nadie más que nosotros los que al decir aquella jerga politiquera
teníamos el derecho a un futuro promisorio sobre la base inmediata de las rectificaciones
históricas, siempre que para lograrlo entuviésemos dispuestos a conquistar con
nuestro voto en la noche del hoy la aurora del mañana.
Unos y otros
enfrentados en aquel juego de ambiciones, competían a base de dialéctica, a
base de promesas, a base de mentira. y no faltaba nunca el descamisado
dogmático que aprovechaba el momento para recitar a grandes voces:
Arriba los pobres del mundo,
de pie los esclavos sin pan.
El carnaval moría.
Y pasada la hora de las banderas flameantes y de los discursos candentes de
sala y barricada, disuelta ya la imagen de los desfiles de puños tensos,
gargantas roncas y consignas turbias, volvíamos a contar las tablas del
tugurio, a espantar casi sin odio las moscas y las ratas de la fauna
conviviente y a renegar una y otra vez de las promesas de nuestros falsos
redentores.
Los que tiempo o
interés tenían para escuchar los noticieros o para leer las informaciones
distribuidas por la prensa, se daban por enterados con cierta rabia contenida
de que el cretino que les pegó una bandera en el techo, o el que les regaló una
insignia del caudillo que al fin logró la presidencia, o el que les pidió una
firma de apoyo para la salvación de la patria, se movilizaba ahora en un coche
del gobierno o en vehículo de su propiedad exonerado de impuestos, como edecán,
asesor, ministro o diputado, o lucía su mediocridad intelectual al frente de
una embajada, en un país extranjero.
Así había sido
siempre. Desde los tiempos añorados de los viejos patriarcas de la
Independencia. Desde los días de los Cletos y los Ricardos y de todos los
patricios que según el clásico decir constituyen las luminarias de la
democracia nuestra.
Pero pese a todo,
la agitación electoral despertaba fibras íntimas, pues servía de válvula de
escape para las penas de rutina y los rencores acumulados en cuatro años de
reposo. Al menos se nos daba aquella alternativa de colmar de improperios y de
insultos a un candidato que ni conocíamos, en uso del derecho concedido por una
libertad que en tiempos de elecciones se convertía en libertinaje.
Era el vómito.
Tras la náusea
retenida, el vómito sobre las personas, el vómito sobre los mitos, el vómito
sobre la honra ajena sin retortijones de conciencia.
De las cúpulas
políticas, por orden de conveniencia, descendían las consignas y nosotros allá
abajo repetíamos los estigmas: nazi, fascista, comunista, ladrón.
Para bien de
nuestra paz y con alguna excepción, la lucha no pasaba al drama pues se quedaba
en las palabras. Pero para quién nos midiese con parámetros derivados de la propaganda
electoral, todos nuestros presidentes habían sido ladrones o fascinerosos. Por
eso, para remediar la injusticia, años después, los mismos que pregonaron la
infamia en las tribunas y propiciaron la injuria, el insulto o la calumnia,
ahora desde una curul del parlamento, más maduros o más hipócritas,
rectificaban la montaña de conceptos con que embaucaron al pueblo y para futura
tranquilidad de su conciencia, los declaraban Beneméritos de la Patria.
Elizondo Arce, Hernán. 1999. Adios prestiño. San José : EUNED, 1999.
miércoles, 18 de enero de 2012
20. LA TERRIBLE REVOLUCIÓN QUE SE VENÍA
Después
de muy prolongados y concienzudos estudios y discusiones, el grupo aquel llegó
a la conclusión ineludible de que el país necesitaba una revolución.
Profunda,
radical, violenta, decisiva. Larga, irreversible, definitiva.
Para
que tal fenómeno se produjera, era necesario preparar líderes capaces de concientizar
al pueblo, de motivarlo, para luego –ya se sabe-crear las condiciones objetivas
etcétera.
La
formación de los líderes debía, como es cajonero y natural en estos casos,
llevarse a cabo en la Universidad. Por lo cual fue menester que los jóvenes adictos
a la idea revolucionaria (o bien los hijos sumisos de los adultos adictos a la
idea revolucionaria, que daba lo mismo) ingresaran a la Universidad e hiciesen
dentro de ella lo que se acostumbra en circunstancias similares (y si no
similares por lo menos idénticas): organizar grupos de estudio luego de
agitación, participar en elecciones estudiantiles, incitar a la lucha contra
las cosas abominables que existen, contra las que no existen también ¿por qué
no?, buscar apropiados motivos para celebrar huelgas, expulsiones de
catedráticos, manifestaciones de protesta de esas que preparan al joven para la
lucha viril posterior, deslizar de paso algún apedreo para que los gorilas se
nos vengan encima y quién quita no produzcan un buen mártir (ojeroso, flaco y
poeta) que nos sirva como posterior emblema. Planes así.
Por
supuesto, a los jóvenes que ingresaban en la Universidad a cumplir tan urgente
tarea, se les presentaba un problema que nadie había previsto: cuál carrera
seguir. Primeramente se ideó que emprendieran consecutivamente uno o dos,
quizás hasta tres semestres en distintas carreras sin terminar ninguna, lo cual
les permitiría una prolongada vida universitaria y el empleo de la experiencia
que fuesen adquiriendo, frente a la inexperiencia de otros estudiantes que
limitábanse a entrar en la Universidad y a salir de ella en cuanto no más se
graduaban. Esto se hizo, pero pasados algunos años no faltó reaccionario que
observara que ciertos líderes estudiantiles tenían patas de gallo cerca de los
ojos, canas (teñibles por cierto) en las sienes, niños de edad escolar y hasta
incipientes pero inocultables barrigas.
Sabido
lo cual, hubo que abandonar la estrategia del estudiante interminable y diseñar
otra, basada en que los líderes estudiantiles tuviesen una duración normal,
poco mayor que la de un automóvil de fabricación norteamericana. Es decir, que
ingresaran, estudiaran y se graduaran como cualquier hijo no revolucionario de
vecino.
Pero
entonces, a falta de profesiones, hubo que determinar qué estudiarían
concretamente los líderes estudiantiles designados pro el grupo que se empeñaba
en hacer la revolución, porque no era cosa de que siguieran carreras burguesas,
de esas que dicen liberales, y que no son otra cosa que patentes de corso o
herramientas pretendidamente universitarias para medrar perjudicando al prójimo
y sirviendo los intereses antipopulares y demás cosas.
Lo mejor se decidió, será que los líderes
estudiantiles no emprendan carreras liberales sino académicas; que se hagan doctores,
profesores y licenciados en disciplinas no profesionales; y así titulados,
permanezcan dentro de la Universidad, pero en ejercicio docente, con lo cual se
consegurá también la mjy deseable longevidad de los líderes dentro de eso que
llaman claustro, y hacer más eficaz la labor de concientización (uno de ellos
casi dijo proselitismo pero logró detener su lengua) realizada ahora desde la
cátedra.
El
plan fue fiel y exitosamente ejecutado: en cosa de cuatro o cinco años, los
principales líderes se convirtieron en profesores, doctores o licenciados en
astronomía, arqueología, filosofía, lenguas muertas, literaturas comparadas,
desciframiento de jeroglíficos, sociología de las civilizaciones antiguas,
teologías laicas, y otras materias tan interesantes como poco apropiadas para
un ejercicio fuera de la Universidad.
La
Universidad, que siempre andaba muy escasa de personal apropiado para la
enseñanza de las ciencias e investigaciones puras, les acogió gustosa y de
inmediato, puesto que se trataba de gentes muy capaces, sagaces, talentosas,
agudas, ilustradas y sabihondas, que es lo que les gusta a las Universidades.
Desde la cátedra siguieron
su benedictina labor, y concientizaron a numerosos jóvenes que luego, tras cuadro,
cinco o seis años de desfilar por las calles y apedrear a uno que otro edificio
y a uno que otro gorila, se convertían en sus asistentes de cátedra. Y los
asistentes de cátedra, a su vez, iniciaban a otros jóvenes más jóvenes que
ellos en las académicas ciencias a que se dedicaban, y de paso los iban
concientizando también. Y estos jóvenes, más tarde, se quedaban también dentro
de la Universidad y así sucesivamente.
La Universidad se
hizo, en cosa de diez o trece años, de un equipo de profesores e investigadores
científicos, filosóficos, históricos, filológicos y estéticos, como ustedes
quieran llamarlos, que le proporcionaron reputación académica. Todos ellos
sumamente revolucionarios, concientizados y motivados.
Pasado algún tiempo,
la Universidad no tenía ya dónde meterlos de tantos que eran. Y se fue creando
un problema de espacio.
Pero eso me
importaba. O lo que importaba era que los licenciados, profesores y doctores concientizarían
a un número geométricamente mayor cada vez de estudiantes, que luego formarían
parte del claustro.
La vulgar masa
estudiantil, sin ideales, esa era la que se marchaba a las ciudades, villas y
pueblos a ejercer profesiones.
La Revolución, como
es de suponer, no pudo hacerse porque todos los revolucionarios estaban dentro
de la Universidad. Y como habían tendido un cerco de alambre de púas en torno a
ella para que no entraran los gorilas (cosa que se llamaba autonomía no se sabe
porque), le bastó luego a un dictador darle el empleo contrario al cerco y no dejar
salir de la Universidad a nadie; entonces funcionó dentro de ella una colonia
autónoma, que hizo la Revolución para sí misma, pero a la cual le faltaron
víveres por no haber quien los supiese cultivar. Luego los colonos comenzaron a
morirse de hambre, empresa que completaron en pocas semanas, y el dictador hizo
colocar una placa en memoria de ellos y después construyó otro Universidad y la
puso al servicio del imperialismo.
Cañas, Alberto.
(1974). La exterminación de los pobres y otros "pienses". San José:
Editorial Costa Rica.
martes, 17 de enero de 2012
9. LA EXTERMINACIÓN DE LOS POBRES
Este revolucionario había escuchado a otros revolucionarios anteriores cuando decían que era necesario acabar con la pobreza; que no hubiera más pobres ni ricos.
Aprovechó la lección y dio con la fórmula que le convirtió en el único revolucionario que ha disfrutado de un éxito completo.
Convenció a todos los pobres de que se sometieran a un sencillo procedimiento de esterilización.
Al poco tiempo, los ricos se dieron cuenta de que no nacían más pobres en el mundo.
Paulatinamente, los pobres que había fueron muriendo, y no nacían más pobres que viniesen a sustituirlos.
En vista de la necesidad de pobres, los economistas aconsejaron a los ricos que trataran de producir más pobres; pero el consejo no dio resultado, porque no sólo los varones pobres se habían esterilizado, sino que las mujeres pobres también. Y el empeño de los ricos en ese sentido resultó, lógicamente, estéril.
Los economistas aconsejaron a los ricos, entonces, que intentaran producir pobres en los vientres de las ricas, pero este consejo también fracasó, porque de los vientres de las mujeres ricas no salían niños pobres sino niños ricos.
Cuando falleció el último pobre (y hay que ver el famoso entierro que le hicieron), ya hacía tiempo que los ricos. Y habiendo sido exterminados todos los pobres, no quedó en el mundo más que una clase de hombres que, siendo ricos, trabajaban como pobres, y se terminaron todos los problemas sociales que conocemos.
Surgieron naturalmente otros, pero esos no los conocemos y no podemos entonces hablar de ellos.
Este revolucionario había escuchado a otros revolucionarios anteriores cuando decían que era necesario acabar con la pobreza; que no hubiera más pobres ni ricos.
Aprovechó la lección y dio con la fórmula que le convirtió en el único revolucionario que ha disfrutado de un éxito completo.
Convenció a todos los pobres de que se sometieran a un sencillo procedimiento de esterilización.
Al poco tiempo, los ricos se dieron cuenta de que no nacían más pobres en el mundo.
Paulatinamente, los pobres que había fueron muriendo, y no nacían más pobres que viniesen a sustituirlos.
En vista de la necesidad de pobres, los economistas aconsejaron a los ricos que trataran de producir más pobres; pero el consejo no dio resultado, porque no sólo los varones pobres se habían esterilizado, sino que las mujeres pobres también. Y el empeño de los ricos en ese sentido resultó, lógicamente, estéril.
Los economistas aconsejaron a los ricos, entonces, que intentaran producir pobres en los vientres de las ricas, pero este consejo también fracasó, porque de los vientres de las mujeres ricas no salían niños pobres sino niños ricos.
Cuando falleció el último pobre (y hay que ver el famoso entierro que le hicieron), ya hacía tiempo que los ricos. Y habiendo sido exterminados todos los pobres, no quedó en el mundo más que una clase de hombres que, siendo ricos, trabajaban como pobres, y se terminaron todos los problemas sociales que conocemos.
Surgieron naturalmente otros, pero esos no los conocemos y no podemos entonces hablar de ellos.
Cañas, Alberto. (1974). La exterminación de
los pobres y otros "pienses". San José: Editorial Costa Rica.
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